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enero 16, 2022
enero 12, 2022
enero 11, 2022
enero 07, 2022
diciembre 21, 2021
El Sermón de Montesinos
21 de
diciembre de 1511, el Sermón de Montesinos.
El 21 de
diciembre de 1511, el cuarto domingo de Adviento, subía al púlpito de la
iglesia de los dominicos en La Española (Santo Domingo) fray Antón Montesino
para pronunciar un memorable sermón, que se convertiría en una de las primeras
y más radicales denuncias de los abusos de la conquista española en Abya-Yala y
en un antecedente del pensamiento latinoamericano liberador.
Ha llegado
hasta nosotros gracias a la profética e incisiva pluma de fray Bartolomé de Las
Casas, que recoge lo sustancial de la prédica y las reacciones a la misma en el
tercer libro de su Historia de las Indias (tomo II, M. Aguilar Editor, Madrid,
s/f, páginas 385-395).
El sermón
fue preparado por todos los miembros de la comunidad de Santo Domingo, quienes
lo firmaron de su puño y letra para dejar constancia de la autoría colectiva y
de la relevancia de tan decisiva pieza oratoria. Los dominicos lo habían
preparado a conciencia a partir de sus propias averiguaciones sobre el
"crudelísimo y aspérrimo cautiverio" al que los encomenderos
españoles sometían a los indios en las minas de oro y otras granjerías, y tras
escuchar numerosos testimonios sobre la "tiránica injusticia" y las
"execrables crueldades" contra los nativos, tratados como animales
"sin compasión ni blandura", y "sin piedad ni
misericordia", según la descripción de Las Casas.
Tras tan
concienzudo análisis de la realidad acordaron denunciar desde el púlpito el
régimen de la encomienda por considerarlo contrario "a la ley divina,
natural y humana".
El vicario
Pedro de Córdoba encargó pronunciar el sermón a fray Antón Montesino, uno de
los primeros dominicos en llegar a la isla, afamado predicador, hombre de
letras, muy animoso, "aspérrimo en reprender vicios", "muy
colérico en sus palabras" y "eficacísimo en sus frutos". El
templo estaba a rebosar. Ocupaban los primeros puestos las principales
autoridades coloniales, entre ellas el almirante Diego de Colón, hijo del
conquistador. También estaba presente el clérigo Bartolomé de Las Casas, en su
calidad de encomendero.
Ante un
público tan cualificado, el predicador no tuvo pelos en la lengua y habló de
esta guisa:
"Voz
del que clama en el desierto. Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y
morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid,
¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre
aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a
estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas
dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis
tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades,
que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor
decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de
quien los doctrine y conozcan a su Dios y creador, sean baptizados, oigan misa,
guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas
racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no
entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad, de sueño tan
letárgico, dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os
podéis más salvar, que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe en
Jesucristo".
Terminada
la misa, Diego de Colón y los oficiales reales se dirigieron al convento de los
dominicos para reprender al predicador por el escándalo sembrado en la ciudad,
acusarlo de "deservicio" al Rey y exigirle que se retractase en
público el domingo siguiente. Siete días después, fray Antón Montesino volvió a
subir al púlpito y, lejos de desdecirse, se ratificó en las denuncias y afirmó
que los encomenderos no podían salvarse si no dejaban libres a los indios y que
irían todos al infierno si persistían en su actitud explotadora. El sermón provocó
todavía mayor alboroto que el del domingo anterior, y los oficiales reales
enviaron al rey cartas de protesta contra los frailes.
Fray Antón
Montesino fue enviado a España para dar cuenta y razón de su sermón al rey.
Tras muchos impedimentos, logró entrevistarse con el anciano monarca, a quien
expuso un largo memorial de los agravios de los conquistadores contra los
indios: hacer la guerra a gente pacífica y mansa, entrar en sus casas y tomar a
sus mujeres, hijas, hijos y haciendas, cortarles por medio, hacer apuestas
sobre quién les cortaba la cabeza de un tajo, quemarlos vivos, imponerles
trabajos forzados en las minas, etcétera.
Texto:
Fuente externa
diciembre 20, 2021
RENE DEL RISCO BERMÚDEZ
RENE DEL
RISCO BERMÚDEZ, Recordándolo en el 49 aniversario de su fallecimiento
La noche del 20 de diciembre de 1972, René del Risco Bermúdez acudió a una cita con el destino en la avenida George Washington –el malecón de la ciudad capital. Era una cita al parecer ineludible, a juzgar por las veces que había sido presentida: una cita con la muerte prematura, muerte a destiempo junto al mar que el poeta amaba.
El hecho
trágico que enlutó a su familia también ensombreció y traumatizó al mundo de
las letras, y entre los escritores jóvenes y menos jóvenes se extendió un
sentimiento de vacío y orfandad. No era, ciertamente, para menos. A los
“treinta y siete años y en perfecta salud”, Whitman había comenzado a publicar
sus Hojas de hierba. Casi a la misma altura de la vida, en pleno goce de sus
facultades intelectuales, René del Risco Bermúdez se retiró bruscamente del
escenario en que había obtenido el más amplio reconocimiento, llegando a ocupar
un espacio privilegiado, único entre los miembros de las nuevas promociones. De
hecho, y a pesar de su partida a destiempo, se reveló como el más sobresaliente
talento literario de su generación, quizás de varias generaciones.
Del Risco
nació en 1936 en Macorís del mar, tierra de peloteros y poetas, y en la
práctica soñó con ser ambas cosas. La pelota, como deporte, se respiraba en el
aire: la poesía la llevaba en la sangre, siendo nieto de Federico Bermúdez, el
notable cantor de Los humildes. Hoy se sabe que descolló como animador,
publicista, narrador y poeta, aunque no como pelotero. Eso sí, fue fanático
irreductible de los Tigres del Licey.
Como tanto
jóvenes de la época, Del Risco participó –ya se he dicho- en la lucha política
antitrujillista dentro del Movimiento Revolucionario 14 de junio y conoció
temprano la cárcel –“fruta negra”, la llamaba Roque Dalton. Allí sufrió
vejaciones y torturas que no doblegaron su espíritu, pero dejaron huellas en su
cuerpo, un cuerpo que mostraba las clásicas quemaduras de cigarrillos en las
espaldas y señales inequívocas de martirio en las uñas.
Antes y
después de su breve estación en el infierno, desempeñó variados oficios y al
parecer alguna vez quiso ser abogado, según demuestra el hecho de haberse
inscrito en la Facultad de Derecho de la universidad estatal, única a la sazón
en el país. Por lo demás, no hay que acudir a su biografía para obtener
información pormenorizada de primera mano. Muchas de sus empresas en la lucha por
la vida –incluyendo su “fracaso como pelotero”- están documentadas en unos
versos de iniciación que hoy resultan casi sorprendentes por su carácter
festivo, excepcional y extrañamente festivo:
yo caí, me
recogieron,
me
acostaron en el jón,
y en
aquella situación
¡momento
grave y severo!
dejé de
ser pelotero
y cambié
de profesión.
He tenido
profusión
de
profesiones y empleos;
he dado
mil zigzagueos
en una y
otra cuestión.
He vendido
desde ron
hasta
espacios de parqueos,
........................................
“Qué es
usted? Si me preguntan
en un
barrio: “¡Locutor!”
en un
salón?: “¡Escritor!”
en un
patio?: “¡Tamborero!”
en la
iglesia soy santero
y en la
calle...Yo, que soy
Por el
mismo estilo, Del Risco amaba definirse como “poeta y cumbanchero”, y al decir
de alguno de sus íntimos quería que le pusieran este mote en su epitafio.
Afortunadamente se destacó más como baladista que como cumbanchero: Del Risco
escribió, en efecto, letra de canciones de inspiración honda y genuina, entre
las cuales se recuerdan “Si nadie amara”, , “La ciudad en mi corazón”, “Mira qué
mundo”, “Así, tan sencillamente” y “Una primavera para el mundo”. Algunas de
éstas alcanzaron éxito en las voces de notables intérpretes de la talla de
Horacio Pichardo, Francis Santana, Fernando Casado, Niní Cáfaro, Luchy Vicioso,
Felipe Pirela y Marco Antonio Muñiz.
Por
añadidura, el hombre fue un brillante publicista. Publicista, quizás, a
regañadientes, a contrapelo de su vocación literaria, quizás a contra
conciencia, quizás como simple manifestación de su desbordante energía
intelectual. No se sabe. En todo intento de aproximación a una vida y una obra
cabe un margen razonable de duda. De lo que nunca podrá dudarse es de su
humanidad y talento.
René vivió
agobiado quizás por un presentimiento o vocación de muerte prematura. En más de
un sentido, su arte poética es anticipación y presagio de la muerte, de muchas
formas posibles de la muerte, entre ellas la muerte física y la muerte por
inmersión social, la muerte por asfixia que conduce al conformismo. En más de
un texto, en serio y en broma, se describe suicida. La descripción es acertada
porque casi todo en él va de la mano de la muerte, la muerte que percibe
próxima, posible, la muerte convidada.
Ansiedad
de muerte y ansiedad de vida se corresponden con su personalidad ciertamente
compleja. Es neurótico, por supuesto, hipersensible, depresivo, tal vez más
autodestructivo que suicida, aunque nadie está más cerca del suicidio que un
depresivo. Con frecuencia recurre a somníferos, recurre a la bebida y lo
justifica porque “hay necesidad de ti, salobre vino hermano”. Por ser mal
bebedor, hace mala bebida y hace crisis. El hecho en que perdió la vida
permanece ambiguo: un accidente suicidio, uno de los pocos hechos ambiguos de
su biografía. Pero su muerte era anticipada.
Por otro
lado, mucho ha contribuido la maledicencia a difundir la tesis del suicidio,
alimentando el mito de un René asqueado de sí mismo en cuanto revolucionario
enganchado a publicista. Posiblemente René sufrió sus contradicciones como han
testimoniado sus más cercanos amigos, y sobre todo sus más cercanos enemigos.
Dejó constancia de ello en más de un poema memorable, y más específicamente en
“Entonces, ¿para qué”, el último del libro:
Para que
entonces, si sabemos
que esta
hoja de parra del amor mentiroso
se cae a
cada instante y nos desnuda
y nos
muestra tal como somos
hipócritas,
cobardes, ingenuos a propósito,
verdugos,
lamedores
a sueldo del látigo y el palo...
A pesar de
todo, René no traicionó sus ideales. Vendió “su fuerza de trabajo”, no su
conciencia. Probó el buen vino y el éxito económico, más no perdió la moral.
Alejado de la política militante, vio caer a sus compañeros y los incluyó en su
registro poético, dejando constancia de su adhesión a la lucha. Inútil es
buscar motivos que no existen. La muerte de René del Risco y Bermúdez –el más
dotado narrador y poeta de su generación- estaba escrita en su obra.
Texto:
Pedro Conde Sturla
diciembre 19, 2021
Vinicio Franco
Vinicio Franco
Vinicio Antonio Franco Rodríguez nació en Puerto Plata, 14 de septiembre de 1933, mejor conocido como Vinicio Franco, fue uno de los cantantes más importantes e icónicos de merengue en República Dominicana.
Mejor
conocido como Vinicio "Mambo" Franco. Como casi todos los cantantes
de la época en que se desarrolla este artista, inició su carrera cantando en
las llamadas "alturas", o en los denominados "kilómetros"
en la ciudad capital que se identificaba como Ciudad Trujillo, nombre que se le
dio en el año 1936, para satisfacer la vanidad insaciable del dictador Rafael
Trujillo. En esos sectores estaban los establecimientos de las llamadas zonas
de tolerancia y sus propietarios, para darle buen servicio musical a la muy
numerosa clientela contrataban los mejores músicos y cantantes populares para
amenizar cada noche los bailables. Por esos lugares desfilaron los mejores:
Francis Santana, Joseíto Mateo, Luis Vásquez, y un largo etc. En el centro de
diversión "Recreo de Turismo", en el año 1952, se inició Vinicio Franco.
Esa fecha marca una trayectoria artística de mucha incidencia en la historia
del arte popular. Su primera grabación la realiza en el año 1957 con la
orquesta de Antonio Morel, para el sello "Guarachita" de Radhamés
Aracena: "Apágame la vela" un muy divulgado merengue escrito por
Bienvenido Brens y la salve "Oye Nena" de Alexis Camilo Morel. Los
dos temas tienen una buena acogida por el público, especialmente "Apágame
la vela" que a tantos años de esa primera versión ha sido grabado por
varios grupos musicales del continente. Con la orquesta de Antonio Morel el
nombre de Vinicio Franco se da a conocer en nuestra geografía. Fue cantante
titular de la Super Orquesta San José en La Voz Dominicana, actuando en la
televisión con esa agrupación musical. Formó parte del Combo Show de Johnny
Ventura. Participó en la grabación del tema "Ah, yo no sé, no" de la
autoría de Johnny Ventura y Mundito Espinal", que mereció un disco de oro
por sus voluminosas ventas. Con la orquesta de Rafael Solano laboró por años realizando
presentaciones en todo el territorio nacional y varios países del continente.
Participó en grabaciones con la orquesta del reputado músico para el sello
Kubaney, siendo suceso musical su versión de "Siña Juanica", merengue
de Félix López con Armando Beltré y Rico López. Vinicio Franco ha hecho
grabaciones, siempre interpretando merengues, para el sello Ansonia de New
York. Agotó una larga temporada actuando con su grupo musical en el prestigioso
hotel Casa de Campo, situado en el mundialmente conocido polo turístico de la
ciudad de La Romana. Ha actuado en Venezuela, Curazao, Colombia, Argentina, New
York, Miami y varias ciudades de la Unión Norteamericana con un repertorio que
sobrepasa las 450 canciones y con una carrera artística de 60 años.
Don
Vinicio Franco falleció en el día de ayer, 19 de diciembre, luego de estar
varios días ingresado, fruto del COVID 19.
¡¡¡Jamás
será olvidado!!! Paz a su alma
Texto:
Nelson Rodríguez
diciembre 07, 2021
diciembre 03, 2021
diciembre 01, 2021
noviembre 25, 2021
noviembre 24, 2021
Enrique Blanco
Enrique Blanco fue, el conquistador de la montaña. En
el aniversario #85 de su muerte.
Nació el 14 de enero de 1907, en la sección de Don
Pedro, La Peña, en la entonces comunidad de Tamboril, en la provincia de
Santiago, siendo en orden cronológico el noveno hijo de Eugenio Blanco y la
señora María Ubaldina Sosa.
Su padre, en la sección de Don pedro Abajo y regiones
aledañas, era conocido como una persona de absoluta seriedad y bien dedicado al
trabajo que le valieron de estimación y respeto y le valieron para que se le
llamase don Gengo. Procrearon 10 hijos:
María Ismaela (Fallecida en la infancia), Jesús María;
Estebanía Librada, Ramón Eugenio (Geno), Luis María "Churo"; Julio
Antonio "Chingo"; María Bienvenida; Rafael Enrique "Enrique
Blanco" y Edilia Victoria.
Su madre murió en el 1929 antes de que su hijo menor
de los varones se convirtiera en el defensor de los principios fundamentales de
la dignidad humana cuyo acto trajo la despiadada extinción de casi el total de
la familia por parte del tirano.
Enrique Blanco, como su padre, desde niño trabajó
junto a sus hermanos en los quehaceres de la agricultura. Se ejercitaba en
actividades deportivas y fue conocido en su comarca como un recio y aguerrido
bateador.
Solo alcanzó el primer grado en la escuela campestre,
razón por la cual casi no sabía leer ni escribir. Su modo de conversar era
inculto y había en sus expresiones tosquedad y rudeza pues hablaba común y
corriente como el arcaico campesino cibaeño sin escuela.
Cuando estaba en la edad entre 18 y 19 años, decide la
liberación de la tierra que le vió nacer e ingresa al ejército nacional. Entre
los años 1925 y 1926, durante el régimen constitucional que presidió el general
Horacio Vásquez Lajara, para canalizar sus apiraciones militar, acudió a un
amigo de su padre, al general Pedro M Estrella "Don piro", valeroso
hombre de armas, quien enganchó a Enrique como raso del ejército Nacional.
En el desempeño de sus funciones era arbitrario y
estimaba sus deberes más allá de los reglamentos, actitud que hacía que sus
compañeros fueran renuentes a practicar el servicio junto a este personaje.
De esa época le deviene el apodo del cabo, pues un alto
jefe militar dispuso que fuera jefe de patrulla, es decir, que fungiera como
Clase frente a los otros rasos que integraban una patrulla y fue así por mucho
tiempo.
En una ocasión al celebrarse una fiesta en el poblado
de Boca Chica, se presentó en estado de embriaguez, provocando un tremendo
enfrentamiento donde hirió a varias personas, y un disparo con el revolver que
portaba alcanzó a una señora transeúnte, la cual expiró al ser llevada a la
beneficencia que hoy es llamado Hospital Padre Billini
En este hecho resultó herido de arma blanca en una de
sus clavículas, pero sin trascendencia.
Investigado el caso, fue sancionado con seis meses de
reclutamiento en la Torre del Homenaje, pena que no llegó a cumplir, pues
asuntos especiales del movimiento político, obligaron un movimiento de tropas,
lo que aprovecho el alto militar que le era afecto, para levantar la sanción,
poniéndolo en libertad y en actitud de servicio.
La forma de proceder durante su primer alistamiento lo
inhabilitaron para ser admitido en el realistamiento, dado al cúmulo de faltas
disciplinarias en su Libro récord y que el comandante de la 17º compañía del
E.N. donde el raso Rafael Enrique Blanco Sosa, prestaba servicio, desestimo el
deseo del mismo y, por el contrario, recomendó su no recibimiento, pues en la
vida militar éste privilegio sólo lo tenían los observadores de una conducta
que los hiciese acreedores a tal merecimiento, lo que era ganado con
disciplina, corrección y espíritu.
Lo que, según el informe del capitán, el Raso Blanco Sosa
con su temperamento jamás amoldó la disciplina militar, era un adicto a las
bebidas alcohólicas y un emprendedor jugador de dados.
Estas recomendaciones motivaron que Enrique Blanco no
continuara en el E.N., y lo obligaron a retornar a su patria chica de Don Pedro
Abajo, donde se dedicó a su habitual ocupación de agricultor a pequeña escala,
ya que los terrenos que disponía su padre eran escasos.
Las circunstancias especiales que cambiaron la
política a principio de 1930, al quebrantarse el orden constitucional, y el
manto Cívico del 23 de febrero de 1930, le brindo la oportunidad al ex raso
Enrique Blanco retornar al rescinto del cuartel, teniendo cabida para los
primeros meses de ese mismo año, ingresando al centro de enseñanzas que para
ese entonces estaba ubicado en el kilómetro 9 de la carretera Duarte y que
comandaba el capitán José Navarro Mejía del Ejército Nacional.
Después de servir al ejército en los en el comienzo de
la dictadura de Trujillo, decide desertar de manera misteriosa se llevó consigo
el arma de reglamento y se le acusaba de haberle dado muerte a un compañero de
armas convirtiéndose así en el hombre más buscado durante la dictadura.
Como es normativo fue puesto en todas las guarniciones
del país, mediante Orden Especial, en la que se daban informe del hecho e
instrucciones de hacerlo preso, con la advertencia de estaba armado de un
revolver marca Smith & Wesson calibre 38 que debía ser recuperado,
dejándose entrever que su persecución revestía mucho riesgo más bien por su
peligrosidad pues teniéndolo de valiente y muy decidido, lo juzgaban capaz de
defender a muy alto precio su libertad y su vida.
Con lógica apreciación la jerarquía militar creyeron
que se refugiaban por los predios de Don Pedro, donde estaban su padre,
hermanos y demás familiares, por cuya razón fueron enviadas patrullas a su
persecución y captura, pero da la impresión de que su captore en principio
buscaban al compañero de armas.
Cuentan que en una ocasión mientras Enrique Blanco
jugaba una partida de dados, y en el momento de más concentración aparecieron
unos guardias, pero a estos reconocerlo como amigo y compañero de armas,
ignorando que era este le preguntaron ¿Dónde está Enrique Blanco? a lo que este
respondió mirándolo fijamente "No ta aquí, busquelon pa la capitai"
Instruido por un compañero de arma, quien le dijo que
si devolvía el revolver que era lo que a los militares interesaba dejarían de
buscarlo, entonces decidió entregar el revolver con el cual había desertado lo
remitió al Coronel Luis Veras Fernandez, del E.N., quien para ese entonces
comandaba la fortaleza San Luis siendo llevada el arma por su padre y el
alcaide pedáneo de la sección de Don Pedro Abajo, es señor José Blas, tan
pronto el ejército recupero el arma se suspendieron las patrullas para su captura.
Esta suspensión de actividad para capturarlo se
mantuvo por casi dos años durante los cuales se le veía en fiestas y galleras
sin embargo el Ejército ni la policía municipal nunca lo molestó.
Cuando todo se puso al rojo vivo debido a las muchas
muertes que se le atribuían, la tregua fue levantada y las persecuciones se
aumentaban violentamente. Entonces para esa época fue cuando Enrique Blanco inició
la comisión de actos delictivos que inquietaron de sobremanera a los habitantes
de los lugares que hacía sus movimientos.
En esa etapa es que Enrique Blanco visita al vecino
país de Haití, y visito a un papá Bocó Haitino quien le preparo un ensalmo para
que ni las balas, ni los cuchillos entrasen por su cuerpo, por lo que con dicho
conjuro ningún mortal podía darle muerte, ni mucho menos herirlo, entregándole sendos
amuletos que ni para bañarse podía quitárselo.
Habiendo conseguido esto Enrique Blanco le preguntó si
era posible que otro brujo le quitara dicha magia y el brujo haitiano le
racionó diciendo que no.
Entonces este le pregunto que quien podía darle muerte
y el brujo le contesto Dios y yo entonces Enrique Blanco se abalanzó hacia el
brujo haitiano dándole una estocada que le provocó la muerte dejando el
conocido refrán "Más vale por si acaso que un yo lo pensé".
Es a partir de ese entonces que Enrique Blanco se
sabía inmune al puñal y las balas, también sabía que al único que tenía este
poder él lo había ya eliminado.
Se llego a decir que Enrique Blanco era brujo y que
era visto cuando les pasaba a los guardias por el lado.
Era tan grande el temor que se le tenía que los
guardias al ubicarlo en un lado se iban para el otro por no encontrarse con él.
Como Enrique Blanco conocía de palmo a palmo todas las
secciones, llanos y montañas y regiones colidantes al municipio de Tamboril y
Santiago el ejército rondaba todas partes tras él y empezaron a detener a todas
las personas que pidiesen darle alimentos o le diera alberge.
A Enrique Blanco se le atribuía crímenes que jamás
cometió, se le achacaban cosas de tres lugares distintos y casi al mismo
tiempo, también lejanos a su demarcación.
Pues bien, Enrique solo andaba con un puñal hasta que
una noche sorprendió a un policía en la carretera mientras le estaba haciendo
el amor a una joven coqueta de Gurabo, en la carretera de Santiago Puerto
Plata, quitándole un revolver que portaba y el cinturón con balas de este.
Ahora aparte del puñal largo y afilado ya Enrique
Blanco tenía en su poder un revolver y 38 a 50 cápsulas a su disposición la
cuales iba emplear depende de la circunstancia.
Enrique Blanco tenía fama de buen tirador, de eso
aparte de las normas y reglas adquiridas por instrucciones o enseñanzas, poseía
el don de naturaleza donde ponía el ojo ponía la bala. Según la versión de
Domingo Pantaleon, contó que siendo militares juntos él y Enrique Blanco
después de recibir nomenclaturas de fusil Máuser, la cual es teoría básica de
esta arma, y con los cinco disparos que hizo Enrique Blanco marcó cinco dianas
o seas, dio en el centro del tiro al blanco, y el director asombrado, como los
demás compañeros paro la práctica de tiros para darles explicación de este caso
excepcional.
Entonces dijeron que era una Chepa (Para lo que no son
dominicanos es lo mismo que suerte) y lo pusieron a tirar de nuevo y repitió la
misma acción a lo que respondió el instructor ¿y de donde salió este hombre?
"Ese debe ser el diablo".
Gregorio Polanco conocido por todo el pueblo
dominicano como Gollito, fue un general de montonera, matrero, ocurrente,
aparte de su valor bien probado, se le atribuyen graciosas anécdotas con
injuicioso sentido filosófico. Su más conocida fue la repuesta a Trujillo,
cuando este le pidió opinión de su criterio sobre su gobierno Gollito le
respondió "Bueno General Trujillo, el tabaco es fuerte, pero hay que
fumarlo".
Enrique Blanco incursionaba por los predios del
general Gollito, en la sección de Pontezuela al medio que queda colindante con
Don Pedro Abajo se acercó a dicho general para pedirle ayuda económica, la cual
obtuvo, pero aprovechando el general Gollito para decirle estas palabras
"la verdad Enrique Blanco que en estos contornos tú y yo somos los únicos
con calzones en la Bragueta. A lo que contesto Enrique Blanco "No señor
general, el único macho de pelo en pecho eh ute que por aquí a peliado de
frente y atacando, yo en cambio vivo huyendo para defenderme y evitar caer en
mano de quienes me persiguen".
Enrique Blanco le gustaba exigir silencio leal,
discreción absoluta a todos cuanto le conocían o le prestaba ayuda dándole
comidas y alojamiento ocultaste. Un acto desleal del que Enrique Blanco se
enterara era motivo para enfurecerse y tomar represalia entonces cruzaba la
raya de la amenaza y le daba una pela o los mataba.
Los campesinos vivían de la sugestión pues de un lado
el ejército le obligaba a la información delatora y por el otro lado Enrique
Blanco le obligaba al silencio, esta era la difícil situación del campesino era
como aquel dicho "Palo si boga, palo si no boga".
Alfredo Cruz ejercía el comercio a pequeña escala,
tenía un colmado en el paraje Viejo y quien algunas veces, Enrique Blanco
acosado por el hambre acudió a su puerta pidiéndole proveerlo para saciar el
hambre.
Una noche Alfredo dormía en dicho colmado, junto a un
hermano, y al llegar Enrique Blanco y llamarlo, Enrique Blanco solicitó que lo
proveyera de pan, queso, tabaco y una botella de ron.
Mientras se demostraba solícito a complacerlo y daba
conversación entretenida, el pulpero había mandado a su hermano a buscar al
alcaide pedáneo Pedro Pérez, el que enseguida recluto ocho hombres armados y
rodearon la casa comercio, Enrique Blanco reunió todo lo que fue a buscar en su
macuto y listo para irse, dándole un jalón al pulpero con brusquedad diciéndole
"Alfredo mandaste a buscar a las autoridades, me denunciaste, y tú sabes
lo que yo le hago a los deslenguados... pero a ti no te voy a matar porque me
ha quitado el hambre muchas veces". Y dirigiéndose al alcaide pedáneo le
dijo "Pedro voy a salir, te advierto que hoy es día de Corpus Cristy y no
quiero matar a nadie... Así lárgate con la gente para no joderte".
Al instante hizo un disparo que perforo el zinc del
colmado lo que bastó para que el alcalde y acompañantes se despistaran, huyendo
a to meter, mientras Enrique Blanco con aire displicente, salió al camino e iba
disfrutando del pan y del queso, y dándose un petacaso de ron caballito que era
el ron que le gustaba.
Como otros relatos es bueno escuchar, aunque en
diferencia de lugares y la manera como sucediera, en el caso del compadre de
Enrique Blanco donde este le fue en solicitud de albergue, quien con fingida
complacencia le dio recibimiento que aparentaba beneláito, acomodándole en una
rancheta conuquera, también le dio una suculenta cena, con su botella de ron y su
tabaco por lo que Enrique Blanco se sentía totalmente hospedado.
Transcurrido el tiempo el compadre considero bastante
tiempo para estar dormido, con todo sigilo llegó al puesto del ejército
Nacional, que estaba cercano a su casa, retornando con tres militares y como
práctico al fin al entrar primero al indicado rancho cayo con la frente
abierta.
Enrique Blanco se había vuelto un experto en la
escapada pues los guardias al tropezarse con el muerto solo vieron el celaje
del hombre que buscaban.
Cuenta que una vez a referirse a su compadre dijo:
"Me ha dado mucha pena haber matado a mi compadre Memecio, pero él fue el
que se buscó su muerte, porque él sabía bien que yo no perdono a los traidores
y me traicionó.
Enrique dándole fama de ser implacable con los
traidores motivado por la postura del alcalde Pedaneo de la Almendra que por el
cumplimiento de su deber al percatarse que Enrique Blanco estaba por los
predios informo a los guardias y esto enviaron fuerzas a perseguirlo.
Enrique Blanco jamás fue visto por los guardias, pero
como era amigo del alcalde considero su postura como un acto de traición a su
persona y a su amistad, eran verdaderos motivos para no dejarlo sin sanción,
por lo que tomo la reacción de asediarlo de la manera que le fuera conveniente.
Ya fuera tocándole las puertas, enviándoles mensajes
amenazantes con familiares y personas del lugar así le recargo el temor al alcalde
que opto por abandonar sus tierras, su mujer y sus hijos huyendo por lo que en
su comunidad empezaron a llamarle el manilo.
De las muertes a supuesto traidores una de la que más
se menciona es la de Mon Cigarro, Ramón Motas se le apodaba así porque siempre
en la boca llevaba un cigarro de los denominados túbanos o pachuché, era un
agricultor de profesión algunas veces cambiaba por la de chofer, estaba siempre
al Servicio Informativo del gobierno, en la persona del Comisario de la policía
Municipal o del Coronel del ejército de Santiago, Mon Cigarro conocía muy bien
a Enrique Blanco de forma idéntica Enrique Blanco lo conocía a él, habían
crecido juntos y además eran muy buenos amigos.
Una vez, había salido a recorrer el campo, y en la
sección de jaragua Mon Cigarro se tropezó con Enrique Blanco, donde celebraron
el encuentro pues hacía tiempo que no se veían. Allí compartieron largamente despidiéndose
satisfactoriamente de haberse encontrado, y donde volverían pronto a hacerlo.
Tan pronto Mon Cigarro, retornó a la ciudad llevó a
conocimiento al jefe de la policía municipal que para esa época se le denominaba
comisario, todos los pormenores de su conversación con Enrique Blanco y
plantearon estrategias para su captura.
El plan consistió en que mon en vez de policías o
militares, llevaría civiles amigos que reclutaría con tentadoras ofertas que lo
estimularían en la acción. Además, fue una orden de la cual no se podían
resistirse, pues el desacato a la misma implicaba una sentencia de muerte.
Mon se situó en el sitio acordado, pero Enrique Blanco
lo esperaba desde su escondite y lo observaba todo y le disparo un proyectil en
la misma boca, mon cae desplomado al instante, rodando por tierra y
revolcándose en su propia sangre, hecho que ni siquiera vieron los que le
acompañaban.
Un día Enrique Blanco evitando el cerco que le puso la
guardia se encontró con Rosendo, una persona conocida suya y después de
conversar ambos siguieron en contrarias direcciones, cerca de donde se
despidieron a Rosendo lo sorprendió la guardia que lo interrogó acerca de que,
si conocía a Enrique Blanco o lo había visto por esos lugares, respondiéndole
éste que, si lo conocía, pero de verlo ni un rastro por esos lugares.
Pero sucedió algo que para Rosendo fue inexplicable
siempre al rato le salió Enrique Blanco y quiso explicarle lo de su entrevista
con la guardia, pero Enrique Blanco lo detuvo y le dijo: "No me diga na.,
yo lo he oí to... así deben ser los hombres para defender los amigos porque hoy
por mí y mañana por ti, soy tu amigo y puede contar conmigo para cualquier
cosa, porque no hay hombre sin hombre ¡Adiós hasta después!".
Se cuenta que al transcurrir el tiempo en el mismo
lugar de Quinigua, en una tienda que fue levantada improvicionalmente
instaladas por buhoneros que van los días de pago a la factoría y plantaciones
agrícolas, Rosendo discutió acaloradamente con un forastero, dicho forastero
sacó un largo cuchillo y procedió enterrárselo a Rosendo pero antes de poder
hacerlo recibió un tiro en el pecho cayendo muerto por una bala escupida desde
el revolver de Enrique Blanco quien antes de marcharse le dijo a Rosendo
"Tuve yo te lo había dicho hoy por mí, mañana por ti".
Enrique Blanco, también les arrancó el pudor a muchas
mujeres de la zona, tomaba a las mujeres de las zonas en continuos actos de
violación.
Ya perseguido en todos los lugares, llegó a un campo
del municipio de Gaspar Hernández, precisamente en la casa de Alonso Sosa
hermano de su madre a quien sus familiares le llamaban Papá Alonso.
Pero en el sito que había recibido la confianza de sus
familiares, Enrique Blanco, rapto a su prima hermana la hija de Alonso, éste
con la condición de padre ofendido apeló a proceder a la justicia a su indigno
sobrino que lo burló en su propia casa.
Basado en la querella El sargento Teodoberto Blanco
Castro puso dispuso patrulla permanente tras la búsqueda del raptor, pues la
guaría no le perdía ni pie ni pisa. Enrique Blanco en una desesperación juró
que se vengaría del sargento, venganza que cumplió asesinándolo.
También mató al raso Camilo Jáquez (Camilito) del
Ejército Nacional quien había pedido permiso para ver a su madre que se
encontraba enferma. El raso vio a Enrique Blanco portando un puñal a la vista
lo que le pareció sospechoso (aunque no conocía a Enrique Blanco), le exigió
que le entregara el puñal, pero Enrique Blanco haciendo que fuese a acatar la
orden sacó el revolver del macuto, haciéndole un disparo que le atravesó el
corazón dejando a Camilito tendido en el suelo.
Tras la muerte del raso del E.N. fue cuando empezó a
circular la versión de que Trujillo daba dos mil pesos y la insignia de teniente
del Ejército a quien capturara vivo o muerto a Rafael Enrique Blanco Sosa.
Enrique Blanco fue agrandando el radio de sus operaciones
lo que fue un estrecho círculo familiar se extendió por casi toda la región
cibaeña y a veces muchos lugares del noroeste.
Cuando esto sucedía, llegaron a Trujillo las
expresiones emitidas por Enrique Blanco: "En el ejército hay uno, que si
nos pechamos frente a frente debe ganar el que tire primero y es el teniente
Mingo Peña, los demás uno por uno no se puede enfrentar conmigo porque le
tiembla las manos, esas partidas de cobardes to me tienen mieo"
Sucedía que Mingo Peña, era íntimo amigo de Enrique
Blanco y compañero de juego de vicio.
Trujillo lo había cancelado y no hacía mucho que lo
había a mandado a buscar nuevamente a su servicio con el rango de primer
teniente. Y al notarse las expresiones de Enrique Blanco fue ascendido a
Capitán, llamándolo el mismo Trujillo a su despacho en el palacio Nacional, y
diciéndole usted está enterado de las expresiones de Enrique Blanco acerca de
lo que sucedería si ustedes dos se encontrasen y en caso de que se batan a
tiros y le ordenó: "Vaya a su encuentro y le aconsejo que tire primero ¡Buena
suerte, Capitán Peña!".
En cumplimiento de la orden, el capitán Mingo Peña con
una tropa por él comandada, acorraló a Enrique Blanco y muchos militares
perdieron la vida, encontrándose entre ellos el civil Mon Germosén Santana,
íntimo amigo de Enrique Blanco, quien fue fusilado en los tres troncos de mango
en la sección de Veragua, por encontrársele el revolver del raso Camilito.
Pero en esta operación, Enrique Blanco volvió a Salir
ileso por su agilidad y destreza.
Cuentan que fueron inútiles las trampas que por el
camino les tendían, hasta que apareció un brujo que dijo que, si le entregaban
todo lo que pedía en cuestión de días o tal vez horas, atraparía el hombre que
venía azotando a las autoridades y civiles de la zona. Trujillo entonces mandó
al comandante que le entregaran todo lo que pedía dicho brujo para realizar la
arriesgada misión.
Inmediatamente, al lugar llegaron diez caballos
negros, todos con arnés y nueve hombres a los cuales se le había dado la aureola
de valentía y decisión y con el brujo completarían los diez. A cada uno se le
asigno un caballo.
Entonces, vestidos de trajes blancos confeccionado
para el efecto, se tiznaron el rostro y salieron a recorrer los campos donde
Enrique Blanco había establecido su guardia. Todos agotados por el cansancio de
recorrer y recorrer sin éxito en sus fines. Toda la comarca y alrededores
aprovecharon el vado de un riachuelo que bordeaba por verdes y frondosos árboles,
se echaron al suelo para el descanso entre las sombras.
Pero no bien se habían tirado uno de los jinetes con
los ojos de mensurados abierto, que brotaban casi a salirse de órbita, pregunto
a sus compañeros: ¿Como es que habiendo salido 10 habemos 11?
Y de manera desorbitadas todos se montaron a los caballos,
picaron sus espuelas y se olvidaron de la misión de capturar al ya terrorífico
Enrique Blanco.
Como ya sabemos del rapto de su prima y los crímenes
cometidos indujeron a Teodoberto Blanco Castro a disponer sistemáticos
servicios de ronda en su demarcación y demarcaciones aledañas para capturar a
Enrique Blanco y ordenó la persecución, cateo de las casas de todas las
secciones y parajes como Ojo de Agua, Veragua, Joba Arriba, la Piragua,
magnate, Bejuco Blanco, la Monteda, El peñón, Agua Clara, Río Piedra, La
Hicotea, Yerba Buena, Boba, Sabana Cajuiles, Los Pomos Boca de Orí, Los Guao y
muchos Otros. Ya la venganza contra el Sargento venía jurada.
Para tal propósito, decidió asaltar el cuartel del
Ejército Nacional, para llevar a cabo su venganza contra el Sargento Blanco
Castro trazó un atrevido plan estratégico, haciéndose llamar el Capitán Dulce,
reclutó 20 campesinos que produjo temor, entre lo que encontró el Alcalde
pedáneo de la Monteada , el señor Ningo Estrella como su ayudante , obligándole
a una acción que todos ignoraban ; allí se apersonó al Cuartel del Ejército en
la población de Gaspar Hernández, donde dormían el Sargento y los rasos Martín
Santos Florentino y Tulín Núñez (El Burro), y allí le ordenó al Alcalde que
llamara para hacer entrega de los presos que llevaba.
Cuando esto sucedía, uno de los detenidos, le dijo que
entrara por el patio que estaba abierto, lo que aprovechó Enrique Blanco para
llegar donde dormía el Sargento Blanco Castro.
El 22 de octubre de 1936, Enrique Blanco asesino a
mansalva al Sargento Teodoberto Blanco Castro mientras dormía, le hizo 4
disparos. En el hecho dejo herido levemente al raso Núñez, pero el raso Martín
Santos Florentino, logro reaccionar golpeando uno de sus acompañantes, pero
recibió un golpe contundente del revolver de Enrique Blanco.
Pues bien, según lo concibió, ordenó a un campesino de
apellido Rodríguez a cortar el cable que unía a Gaspar Hernández con Puerto
Plata, olvidando cortar el cable que unía con la comunidad de Sánchez, que fue
la vía que utilizaron para informar el hecho hacia Puerto Plata y de ahí a la
capital de la República.
Cuando la información llegó a Trujillo este impartió
una drástica medida de captura contra el hombre que había sembrado el terror en
esta comunidad. Un guardacostas con un contingente bélico zarpó de San Soucí
llevando especiales instrucciones hasta capturarlo.
Con estrategias y posiciones militares, con rondas
patrulleras diurnas y nocturnas, bloquearon carreteras, caminos vecinales,
trillos y veredas; las casas de los campesinos eran requisadas y la garantía de
vida de los familiares y amigos del fugitivo era muy remota.
El 24 de octubre de 1936, aparecieron asesinados Ramón
Eugenio Blanco Sosa y Jesús María Blanco Sosa, cuyos cadáveres tenían señales
de ahorcamiento, perforaciones de balas y heridas de armas blancas. Se mandaron
autoridades investigadoras, pero todos en el pueblo sabían que su único delito
era ser hermanos de Enrique Blanco.
Días más tarde, en el patio de la familia Gutierrez,
apareció asesinado debajo de una mata de uvas de playa en una horqueta que le
servía de sostén, el raso Julio Antonio Blanco Sosa (Chingo) también hermano de
Enrique Blanco. Chingo se había alistado en el Ejército Nacional y asignado al
escuadrón de caballería duro varios años allí, pero por desgracia fue llevado a
prestar servicio en Pedernales y cuando el acoso de su hermano fue llamado por
el coronel Joaquín Cocco hijo ordenándole perseguir a su propio hermano, algo
que fue impedido por otro alto militar allí presente.
Más luego apresarían y darían muerte a Eugenio Blanco
padre de Enrique Blanco, ciudadano ejemplar querido y respetado. Fue lanzado en
el trayecto de Puerto Plata a la altura de la desembocadura del rio Gen en
Gaspar Hernández, con los pies y manos con una pesa encima para que siempre
fondearan el mar.
Al encontrarse la reconexión telefónica apareció la
cédula del Individuo que Enrique Blanco había mandado a cortar los cables, el
individuo delato los nombres de los acompañantes de Enrique Blanco en el
asesinato del sargento Teodoberto Blanco Castro.
Todos fueron capturados y llevados a la fortaleza San
Felipe, donde el capitán Arturo Mañe supo respetar sus integridades físicas,
pero al amanecer, en la loma Isabel de Torres, el Capitán Andújar al llegar a
la sección La Ermita, fusiló a 12 de los presos y otros ocho en Boca de Gen.
Lo que fue sin duda un vil genocidio.
Enrique Blanco se veía cada vez más acorralado, su
fuera y movimiento se veían perdiendo imposible de vulnerar sabia la gravedad
de su caso tenía tres Alternativas:
1) Hacerle Frente al enemigo
2)Entregarse
3)Suicidarse.
La primera ni la segunda serian jamás parte de su
caso, puesto que en varias ocasiones había dicho que no lo haría. “Yo no me
entregaré, de eso puede estar seguro” mientras mostraba sus pies hinchados, “Quizás
sea la última vez que nos veamos don Juan, así que mientras tanto, barriga jalta,
corazón contento”. Así contó Juan Ramón Ramos del que era su amigo de infancia
que le había dicho días antes de su desenlace.
Así fue como el 24 de noviembre de 1936, Enrique
Blanco tomo su revolver, su inseparable amigo y se suicidó dándose un balazo en
la sien derecha, a las 11 de la noche en la sección Aguacate Arriba, dándole la
instrucción a un joven campesino de nombre Delfín Álvarez García para que
cobrara la recompensa de su muerte.
Delfín Álvarez dio su versión al señor Enemencio
Bencosme alcalde de la sección Aguacate Arriba "le había disparado en la
sien derecha mientras Enrique Blanco dormía un placido sueño en la finca de don
Fife" luego le enseño el revolver que portaba Enrique Blanco con el cual
según el le había dado muerte.
Decidió ir con el joven héroe, acompañado de moradores
del lugar, entre los cuales iba su esposa y un grupo de tropas comandadas por
el sargento Peralta al que apodaban "la liza"; luego se le unió un
capitán con la odiosa fama de crueles para ir al lugar.
El cadáver de Enrique Blanco fue trasladado a la
comandancia del Ejército Nacional en la ciudad de Moca, donde lo esperaron
miles y miles de espectadores, y fue paseado en macabra exhibición por las
calles de Santiago, donde las personas con los rostros compungidos se reunieron
al sepelio.
El 25 de noviembre de 1936, la camioneta que exhibió
su cuerpo llegó a la sección del ingenio Arriba. Militares reclutaron a varios
hombres que, sin mortaja ni ataúd, tiraron su cadáver a la fosa.
Así termino la existencia del hombre más temido,
respetado, odiado y admirado Rafael Enrique Blanco Sosa
En 1978 por diversas construcciones que empezaron a
erigirse los restos de Enrique Blanco fueron recogidos y expuestos en una mesa
envuelta en la bandera nacional como homenaje a quien fue considerado uno de
los primeros luchadores Antitrujillistas.
Un incidente se produjo al momento de dar cristiana
sepultura a sus restos en el municipio de tamboril cuando el comandante
regional del Ejercito y el fiscal de Santiago en ese entonces trataron de
arrebatar los despojos fúnebres a los ciudadanos que incluso los calificaron de
santo.
Enrique Blanco fue sepultado en el cementerio de
Tamboril, pero años más tarde su tumba fue desaparecida para dar paso a una construcción
y solo queda el recuerdo de este hombre cuyas hazañas son narradas en un
merengue a su honor que le compuso el maestro puertoplateño Wilfrido Vargas que
se titula “Enrique Blanco fue el conquistador de la montaña”
Texto: Henry Espinal
noviembre 15, 2021
octubre 25, 2021
El Estadio Cibao
El Estadio Cibao cumple 63 años de ser inaugurado
Conocido como el “Nido Aguilucho”, el Estadio Cibao, hogar del aguerrido equipo de las águilas Cibaeñas, el más alegre parque de la pelota nuestra está conmemorando hoy el 63 aniversario de su esplendorosa inauguración.
Miles de
fanáticos hace más de medio siglo fueron testigos de la majestuosa apertura del
iluminado estadio “Leónidas Radhames”, nombre con que fue originalmente
bautizada la instalación deportiva, construida por el Estado Dominicano con un
costo de un millón de pesos.
Esa
histórica noche del sábado 25 de octubre de 1958, que además marco la apertura
de la cuarta versión de la pelota invernal dominicana, no pudo ser más
memorable con los batazos del refuerzo norteamericano Dick Stuart y el
resonante triunfo del conjunto aguilucho sobre los Tigres del Licey, que con el
paso de los años serian sus archirrivales.
Las Águilas
que jugaron por primera vez en su nido derrotaron a los felinos con anotación
de 7 por 4 con una gran demostración de poder de Stuart, un prospecto de los
Piratas de Pittsburgh, quien tiene el honor de haber despachado el primer
jonrón en este parque de pelota.
Stuart en
sus primeros dos turnos pegó sendos cuadrangulares. El primero un descomunal
palo por encima del paredón verde del jardín central y el segundo por el prado
izquierdo. Forrest Smith agrego otro jonrón con dos a bordo para sellar el
éxito de los cibaeños.
Según la
crónica del periódico La Nación del domingo 26 de octubre de 1958, los batazos
de Stuart, pronosticados por el propio jugador en el Hotel Matum, donde
hospedaba, horas antes de salir hacia el estadio, respaldaron el picheo del
abridor norteamericano Benny Daniels.
Daniels
obtuvo la victoria, y pese a permitir ocho incogibles, lanzo buena pelota. Solo
se vio en apuros en el primero y quinto episodio, completando el partido.
Mientras
que Nelson Chittum, abridor y perdedor por los azules, fue auxiliado en el
tercero por Bill Smith y en el séptimo por el novato Joaquín Guevara.
Stuart
encabezo la ofensiva de los aguiluchos con su par de cuadrangulares en cuatro
turnos, seguido por Ruddy Hernández que despacho doble y sencillo.
Además,
sobresalió en el ataque Julián Javier con dos indiscutibles, Forrest Smith un jonrón,
Papito Mateo y Jim McDaniels un inatrapable cada uno.
Los
mejores al bate por el Licey fueron el intermedista criollo Pedro González y
Gordon Windhorn, con un cuadrangular cada uno, Norman Laker, Dick Sander,
Johnny Blanchard un sencillo por unidad.
Tambien
conectaron de imparable por los azules Ellis Burton, Bill Smith y Carlos Dore.
El hit del dominicano Dore, abriendo el juego, quedo registrado como el primer
indiscutible que se conectó en la historia del Estadio Cibao.
Texto:
Acentos
octubre 24, 2021
Rafael Leonidas Trujillo Molina
Un día
como hoy, nació Rafael Leonidas Trujillo Molina.
Rafael
Leonidas Trujillo Molina, nació en la ciudad de San Cristóbal el 24 de octubre
de 1891. Hijo de José Trujillo Valdez, pequeño comerciante hijo del sargento
grancanario José Trujillo Monagas, que llegó a Santo Domingo como integrante de
las tropas españolas de refuerzo durante la Anexión y de Altagracia Julia
Molina Chevalier, más tarde conocida como Mamá Julia, hija de Pedro Molina
Peña, campesino dominicano, y de la maestra Luisa Erciná Chevalier, cuyos
padres aunque oriundos de Haití eran predominantemente de origen francés: su
padre, Justin Alexis Víctor Turenne Carrié Blaise, era blanco, y su madre,
Eleonore Juliette 'Diyetta' Chevallier Moreau, mulata. No obstante, Trujillo
siempre renegó de la ascendencia haitiana de su madre.
Fue el tercero
de once hijos. Sus hermanos fueron Rosa María Julieta, Virgilio, José
"Petán" Arismendy, Amable "Pipi" Romero, Julio Aníbal,
Luisa Nieves, Pedro Vetilio, Ofelia Japonesa y Héctor "Negro"
Bienvenido Trujillo Molina. Trujillo tuvo asimismo hermanos por parte de padre.
Todos sus hermanos varones con excepción de Amable Romeo fueron generales y
coroneles del Ejército Dominicano. Bajo su dictadura, Héctor Bienvenido llegó a
ser nombrado Generalísimo en 1959.
La
infancia de Trujillo pasó relativamente sin incidentes, aunque su educación
básica fue irregular y bastante limitada. En 1897, a sus 6 años fue inscrito en
la escuela de Juan Hilario Meriño. Un año más tarde se trasladó a la escuela de
Broughton, donde fue discípulo de Eugenio María de Hostos y permaneció allí
durante tres o cuatro años.
En 1907 a
los 16 años, Trujillo obtuvo un empleo como telegrafista, actividad que ejerció
durante 3 años. Después, se dedicó junto a su hermano "Petán" al
cuatrerismo, a la falsificación de cheques y el robo postal. Por estos delitos
fue declarado culpable y encarcelado algunos meses.
En 1916,
nuevamente se dedicó a actividades criminales y lideró a la banda de asaltantes
llamada la 42, temida por su violencia, Más tarde trabajó durante dos años en
la industria azucarera como guarda campestre.
En sus
primeros años de juventud, Trujillo fue acusado de varios delitos, incluso de
carácter sexual. A principios de la década de 1910, Trujillo violó a una menor,
aunque este hecho quedó impune.
El 13 de
agosto de 1913 a la edad de 21 años, Trujillo se casó con Aminta Ledesma
Lachapelle, una joven de buena reputación, hija de un campesino proveniente de
San Cristóbal. Tuvieron dos hijas: Julia Genoveva, que nació y murió en 1914, y
Flor de Oro Trujillo Ledesma, nacida en 1915 y que más tarde se casó con
Porfirio Rubirosa. El matrimonio con Aminta Lesesma terminó en divorcio en
1925.
En 1920,
ya con el grado de teniente, fue sometido a un juicio militar por violación y
extorsión a Isabel Guzmán, una menor de 16 años, pero fue exonerado de culpa.
En 1921 ingresó en una Academia Militar fundada por el ejército de ocupación en
Haina y el 22 de diciembre de ese mismo año fue designado para ocupar la
jefatura de la Guarnición de San Pedro de Macorís.
En 1922
fue trasladado al Cibao y, mientras se encontraba en San Francisco de Macorís,
fue ascendido a Capitán sin pasar por el grado de Primer teniente, algo
irregular en el escalafón militar, pero explicable debido a los
"servicios" prestados por Trujillo al ocupante estadounidense.
Este
ascenso fue acompañado por la reorganización de la Guardia Nacional, la cual
más tarde pasó a ser Policía Nacional Dominicana, de la que ocupó muy poco
tiempo después el mando de la 10.ª Compañía.
En 1923,
antes de su nombramiento como inspector del primer distrito militar, participó
como estudiante en la Escuela de Oficiales del Departamento del Norte. En esta
época, a pesar de su formación militar, comenzaron a manifestarse sus
inclinaciones políticas. En su vertiginosa carrera en la milicia, llegó al
grado de Mayor y cuando las tropas de EE. UU. abandonaron el país en 1924,
dejaron a Trujillo a cargo. En 1927 Trujillo se integró a la Brigada Nacional,
institución creada para reemplazar la guardia nacional y ascendió al grado de
General. Antes de su ingresó a la vida militar había pronunciado la frase:
"Voy a entrar en el ejército y no me detendré hasta ser su jefe".
El 30 de
marzo de 1927, se casó con Bienvenida Ricardo Martínez, una joven de Montecristi,
hija de Buenaventura Ricardo Heureaux (primo de Ulises Heureaux Lebert y tío de
Joaquín Balaguer Ricardo). Un año más tarde conoció a María de los Ángeles
Martínez Alba, conocida como «la Españolita» y tuvo un romance extramarital con
ella. De esta relación nació Rafael Leonidas (Ramfis), el 5 de junio de 1929.
Según una publicación de Jesús de Galíndez, Ramfis no era hijo de Trujillo,
sino de un cubano llamado Rafael Dominici con quien María Martínez estaba
casada en el momento que este nació. La publicación nunca se desmintió quedando
todo como un misterio.
Se
divorció de Bienvenida Ricardo en 1935, alegando que esta no podía darle hijos.
Más tarde, en 1936, procreó con Bienvenida a Odette. Tuvo dos hijos más con
María Martínez; Angelita Trujillo nacida en París el 10 de junio de 1939, y
Rhadamés Leonidas Trujillo, nacido el 1 de diciembre de 1942. Ramfis y Rhadamés
fueron nombres tomados de personajes de la ópera Aida de Giuseppe Verdi.
En 1937,
Trujillo conoció a Lina Lovatón Pittaluga, una joven de la clase alta con quien
mantuvo una relación extramarital y con la que procreó dos hijos: Yolanda,
nacida en 1939, y Rafael, nacido el 20 de junio de 1943.
A pesar de
no ser aficionado al béisbol, Trujillo utilizó el deporte que era la pasión de
los dominicanos como herramienta de seducción para sus fines reeleccionistas.
Trujillo invitó a muchos beisbolistas negros de los EE. UU, donde no podían
jugar con libertad por la discriminación de la época. Leroy Robert
"Satchel" Paige, un jugador de la liga del negro, viajó al Caribe y
América Latina, donde los equipos estaban integrados. Lanzó para un equipo
organizado por Trujillo, quien estaba tratando de ganar popularidad, por lo que
creó el Equipo Ciudad Trujillo. Le llegó a pagar a Paige hasta 30.000 dólares para
que ganara el campeonato dominicano. Paige huyó de la República Dominicana con
sus compañeros de equipo tras el cobro, por temor a represalias por parte de
los enemigos de Trujillo.
Trujillo
fue una persona dinámica y saludable.
Médicamente,
gozó de buena salud en general, pero sufrió de crónicas infecciones urinarias
y, más tarde, problemas de próstata. En 1934, el doctor Georges Marion fue
llamado desde París para realizarle tres procedimientos urológicos a Trujillo.
Con el
tiempo Trujillo adquirió numerosos bienes. Su lugar favorito era «La casa de
Caoba», cerca de San Cristóbal, y una casa en la playa de Najayo. Otros lugares
de su propiedad que rara vez frecuentó fueron Santiago, Constanza, La Cumbre,
San José de las Matas, y muchos más. Además, tenía un penthouse en el hotel
Embajador, en Santo Domingo.
Aunque
Trujillo era nominalmente católico frente al público, su real devoción fueron
las supersticiones.
Con el
triunfo de Horacio Vásquez en las elecciones que siguieron a la desocupación de
las tropas estadounidenses en 1924, Trujillo permaneció al frente de la Policía
Nacional. El 6 de diciembre de ese mismo año, el presidente Vásquez lo nombró teniente
coronel y Jefe de Estado Mayor.
En 1930,
estalló en Santiago una insurrección contra el presidente Horacio Vásquez y los
rebeldes marcharon hacia Santo Domingo. Trujillo recibió la orden de someter la
rebelión, pero cuando los amotinados llegaron a la capital el 26 de febrero, no
encontraron resistencia alguna. Enterado el presidente Vásquez de que uno de
los ideólogos de la insurrección era el propio Trujillo decidió renunciar como
una salida negociada a la crisis a fin de evitar derramamiento de sangre.
Vásquez fue enviado al exilio y el líder rebelde Rafael Estrella fue proclamado
presidente interino.
Trujillo
se convirtió en el candidato en las elecciones presidenciales de 1930 llevando
a Estrella Ureña como vicepresidente. La candidatura opositora, representada
por Federico Velásquez Hernández y Ángel Morales a la presidencia y
vicepresidencia respectivamente, se retiró quedando la de Trujillo-Ureña como
única opción.
La campaña
electoral se realizó bajo un clima de terror provocado por Trujillo y su banda
paramilitar La 42, dirigida por el mayor del ejército Miguel Ángel Paulin.
Hasta los miembros de la Junta Central Electoral se vieron forzados a renunciar
el 7 de mayo, siendo sustituidos por personas que respondían a la voluntad de
Trujillo. El binomio Trujillo - Ureña ganó las elecciones el 16 de mayo,
oficialmente con el 45% de los votos. Más tarde se supo que sólo el 25% de los
votantes acudieron a las urnas, lo que hizo pensar que fueron elecciones
fraudulentas. El 24 de mayo de 1930 fueron proclamados oficialmente Trujillo y
Ureña, presidente y vicepresidente del país, respectivamente. El 16 de agosto a
la edad de 38 años, Trujillo asumió la presidencia de la República.
El 3 de
septiembre de 1930, a tres semanas de que Trujillo asumiera el poder, el
destructivo huracán «San Zenón» golpeó Santo Domingo y dejó más de 3.000
muertos. Con el dinero aportado por la «Cruz Roja Americana», se reconstruyó la
ciudad. En junio de ese mismo año, la oposición se organizó para derrocar a
Trujillo, pero todo fue en vano y los promotores terminaron en el exilio. Entre
los exiliados se encontraban Martín de Moya, Horacio Vásquez, Ángel Morales,
Federico Velásquez, Alfredo Ricart, Cucho Álvarez Pina, Ángel María Soler, José
Dolores Alfonseca, Luis F. Mejía, Leovigildo Cuello y Ramón de Lara.
En marzo
de 1931 el general Desiderio Arias renunció al gabinete de Trujillo, quien, al
quedar sin oposición alguna, fortaleció su dictadura. En octubre Trujillo
promulgó la ley de emergencias, mediante la cual el estado dominicano suspendió
el pago por concepto de amortización de la deuda externa con los Estados
Unidos. También redujo el gasto público con despidos masivos y reducción de
sueldos. Además, disminuyó las importaciones y equilibró la balanza comercial.
El Partido
Dominicano fue la maquinaria ideológica de soporte del régimen. Formado
oficialmente el 16 de agosto de 1931, fue el único partido permitido durante el
régimen, salvo contadas y coyunturales excepciones. Mario Fermín Cabral fue el
principal auspiciador del Partido, que tenía por símbolo una palma. El carné de
miembro del partido se convirtió en documento obligado para todos los
dominicanos mayores de edad y necesario para la mayoría de las actividades
cotidianas, como buscar empleo o salir del país.
Ante el
riesgo de posibles invasiones por parte de los exiliados políticos, Trujillo
realizó un recorrido junto a su Estado Mayor por las diferentes provincias del
país acompañado de militares del ejército nacional el 31 de diciembre de ese
mismo año.
El 26 de
mayo de 1933 fue nombrado «Generalísimo de los Ejércitos Nacionales» por el
Congreso Nacional.
En febrero
de 1934 se celebró una convención para elegir a Trujillo nuevamente candidato a
presidente por el partido dominicano. El 16 de mayo de ese año y sin ninguna
oposición política se celebraron las elecciones nacionales con Trujillo como
único candidato. El 16 de agosto asumió el poder por segunda ocasión
consecutiva, esta vez llevando a Jacinto Bienvenido Peynado como
vicepresidente.
En febrero
de 1942 Trujillo fue nuevamente postulado a las elecciones de ese año por el
Partido Dominicano y por el recién creado «Partido Trujillista». El 16 de mayo
fueron celebradas las elecciones donde votaron casi 600.000 ciudadanos,
saliendo nueva vez Trujillo electo como presidente. T Al cumplirse los 100 años
de la fundación de la nación dominicana, Trujillo celebró un evento llamado
«Las fiestas del centenario».
El 4 de
agosto de 1946 un fuerte terremoto azotó la región noreste del país.
A finales
de 1945 se agudizó el descontento en los ingenios azucareros debido a la
inflación que hubo en la época agravada por los salarios que devengaban los
obreros de baja cualificación. Contra aquellos que osaron quedarse en sus casas
a manera de protesta, Trujillo ordenó al ejército la realización de redadas
alegando el delito de vagancia.
Los
capturados fueron encarcelados y obligados a trabajar. Estas redadas abarcaron
también a los que no poseían los documentos reglamentarios exigidos por el
régimen, conocidos popularmente como «los 3 golpes».
En enero
de 1946, la «Federación Local del Trabajo», un grupo de manifestantes obreros
fundado por el líder sindical Mauricio Báez hizo una huelga que duró más de una
semana. Aunque la dictadura terminó cediendo a las peticiones de los
demandantes, posteriormente algunos de sus dirigentes y participantes fueron
perseguidos y asesinados, mientras que otros se vieron obligados a tomar el
camino del exilio. Tiempo después Trujillo desintegró todos los sindicatos del
país, obligándolos a pertenecer a una federación afín a él. En 1950 Mauricio
Báez fue secuestrado en Cuba donde estaba exiliado y nunca más se supo su
paradero.
En mayo de
1947 se celebraron nuevas elecciones, matizadas esta vez con fuertes críticas
internacionales sobre el carácter dictatorial del gobierno, lo que obligó a
Trujillo a montar una ficción democrática. En dichas elecciones participaron 3
partidos políticos, el Partido Nacional Laborista, el Partido Nacional
democrático y el Partido Dominicano, quienes llevaban de candidatos a Rafael A.
Espaillat, Francisco Pratts Ramírez y Rafael Leónidas Trujillo,
respectivamente.
Trujillo
terminó ganando el certamen con el 90% de los votos.
En octubre
de 1952 Trujillo creó el Instituto Trujilloniano con Manuel Peña Batlle como su
presidente. La institución tenía como misión la difusión de la obra de gobierno
de Trujillo.
Debido a
los problemas internacionales ocurridos en su período de gobierno 1934-1938,
Trujillo decidió no presentarse a las elecciones y postuló como candidato a la
presidencia a Jacinto Bienvenido Peynado.
En las
elecciones celebradas el 16 de mayo de 1938, Peynado llevó a Manuel de Jesús
Troncoso de la Concha como vicepresidente y ganó con la totalidad de los votos
emitidos. El 16 de agosto de ese mismo año Bienvenido Peynado tomó posesión
como presidente del país, aunque falleció en 1940 durante su mandato y la
presidencia fue asumida por el vicepresidente Troncoso.
El 16 de
agosto de 1952 se juramentó quien sería su tercer presidente títere, su hermano
Héctor Bienvenido. Mientras, Trujillo, quien ostentaba el cargo de embajador
dominicano ante la OEA, realizó varios viajes por América y Europa.
En 1957 se
celebraron las elecciones presidenciales para el periodo 1957-1962 con Héctor
Bienvenido Trujillo y Joaquín Balaguer como candidatos a la presidencia y
vicepresidencia, respectivamente. Ante la gran presión internacional y en afán
de aparentar cierta democracia, Trujillo hizo renunciar a su hermano Héctor
Bienvenido en 1960. El 3 de agosto de ese mismo año tomó posesión Joaquín
Balaguer en sustitución de Héctor Bienvenido. Este sería el último presidente
títere del dictador.
Estos
recursos fueron utilizados por Trujillo para engañar a los demás países y así
mantener su dictadura con una falsa imagen de democracia a la vista de la
comunidad internacional. Trujillo nunca dejó de gobernar efectivamente la
República desde que asumió el poder en 1930.
A finales
de los años 1950, durante el régimen de Trujillo se creó una especie de polícia
secreta denominada Servicio de Inteligencia Militar (SIM) la cual tuvo como
finalidad la represión política. La organización contó con varios agentes
secretos y funcionarios de la dictadura con Johnny Abbes como jefe. Abbes se
encargó en muchos casos de llevar a cabo las órdenes de represión y tortura de
Trujillo, aunque muchos aseguran que a veces Abbes actuó por cuenta propia.
El SIM
atemorizó a la población en general mediante la tortura y contó con varios
lugares para llevarlas a cabo, como la Cárcel del 9 y la Cárcel de la 40.
Las
hermanas Mirabal: Patria, Minerva y María Teresa.
Conocidas
como "Las Mariposas", estas mujeres nacidas en una familia acomodada
en la provincia dominicana de Salcedo (hoy Hermanas Mirabal), con carreras
universitarias, casadas y con hijos, contaban en el momento de su muerte con
cerca de una década de activismo político junto a su esposo, en contra del
régimen de Rafael Leónidas Trujillo. Sobre todo, Minerva.
La policía
secreta asesinó a las hermanas Mirabal por orden de Rafael Leónidas Trujillo.
Dos de
ellas, Minerva y María Teresa, ya habían pasado por la cárcel en varias
ocasiones. Una cuarta hermana, Bélgica Adela "Dedé" Mirabal, quien
murió este año, tenía un papel menos activo en la disidencia y logró salvarse.
"Tenían
una trayectoria larga de conspiración y resistencia, y mucha gente las
conocía", le explica a BBC Mundo Luisa de Peña Díaz, directora del Museo
Memorial de la Resistencia Dominicana (MMRD).
Ese
fatídico 25 de noviembre funcionarios de la policía secreta interceptaron el
automóvil en el que se trasladaban las hermanas en una carretera en la
provincia de Salcedo, en el centro norte del país.
Las
mujeres fueron ahorcadas y luego apaleadas para que, al ser lanzadas dentro del
vehículo por un precipicio, se interpretara que habían fallecido en un
accidente automovilístico. Esta fue prácticamente la copa que derramó el vaso
con respecto a las decisiones que posteriormente llevaron a un grupo de
valientes a terminar con la oprobiosa dictadura.
Enriquecimiento
de Trujillo
Trujillo
utilizó el método de adquirir propiedades, fincas y otros negocios lucrativos a
precios bajísimos fruto de la presión política. Esto fue fuente de preocupación
para los sectores de la clase alta e inversionistas, que se aterrorizaban
cuando Trujillo se interesaba en alguno de sus bienes.
De estas y
otras maneras Trujillo se adueñó de todo y mientras veía a la República
Dominicana básicamente como un feudo privado, suyo y de su familia.
Trujillo y
su familia amasaron una enorme riqueza. Adquirió propiedades incluyendo tierras
ganaderas a gran escala y se vinculó a la producción de carne y leche,
operaciones que pronto evolucionaron hacia el monopolio. Otras industrias de su
propiedad fueron: azúcar, sal, tabaco, madera y lotería. Ya para 1937, el
ingreso anual de Trujillo rondaba el millón y medio de dólares y en 1940 ya se
había adueñado de la mayoría de las empresas dominicanas, creando un monopolio
en el país. Para 1960 era dueño del 60% de la industria azucarera dominicana.
Llegó a
acumular una fortuna personal estimada en unos 800 millones de dólares, lo cual
lo colocó entre los 6 hombres más ricos del mundo. En el momento de su muerte,
en el país había más de 111 empresas de su propiedad.
De
distintas maneras, logró concentrar a lo largo de su vida una gran parte de la
economía dominicana en sus manos. Como ejemplo tenemos:
* Sal. En
1931 se adueñó de la producción y venta de sal. Esto le reportaba unos 400 000
pesos netos anuales.
* Carne,
las que le proporcionaban ingresos anuales de unos 500 000 pesos.
* Arroz.
Prohibió la importación de arroz y sólo permitió el consumo del arroz criollo
que distribuía una de sus empresas personales.
* Central
Lechera.
* Compañía
Anónima Tabacalera.
* Fábrica
Dominicana de Calzados.
* Pinturas
Dominicanas (PIDOCA).
* Ingenios
Esperanza, Porvenir, Ozama, Amistad, Monte Llano, Barahona, Consuelo,
Quisqueya, Boca Chica, Las Pajas, Santa Fe, Catarey y Río Haina.
* Seguros
San Rafael.
* Licorera
La Altagracia.
* Sociedad
Industrial Dominicana.
*
Refinadora de Aceite de Algodón.
* Molinos
Dominicanos.
* Fábrica
Dominicana de Cemento.
* Fábrica
de Sacos y Cordelería.
* Fábrica
de Vidrio.
*
Industria Nacional del Papel.
* Atlas
Comercial Co.
*
Caribbean Motors.
* Compañía
Dominicana de Aviación.
*
Ferretería Read.
*
Periódico La Nación.
*
Industria Caobera.
*
Aserradero Santelises.
* Naviera
Dominicana.
*
Industrias Nigua.
Radio
Caribe (desaparecida). Periódico El Caribe. Radio HIN Tv (Rahintel)
Personalidad
La
personalidad de Trujillo se caracterizó más que nada por el resentimiento
social, debido a la crianza en el seno de una familia disfuncional y la
represión personal debida a carencias tanto afectivas como materiales a las que
fue sometido durante sus primeros años. Sus actos delictivos y su posterior
comportamiento mientras estuvo en la presidencia de la República Dominicana
fueron producto de lo mismo, ello ligado al deseo impetuoso de ser aceptado en
los altos círculos sociales del país.
Una de las
características principales de Trujillo fue su instinto de poder, acompañado de
un intenso deseo por el dinero y la convicción de que el dinero era la fuente
de apoyo de ese poder. Trujillo fue metódico, puntual, reservado y sigiloso y
no tuvo verdaderos amigos, sólo conocidos y aduladores.
Su amor
por la ropa fina y ostentosa se notó siempre en sus uniformes y trajes
elaborados de los cuales llegó a coleccionar más de dos mil. Era aficionado a
las corbatas y tuvo una colección de más de diez mil de ellas. Además, se
acicalaba con abundante perfume.
Su apetito
sexual fue insaciable, prefiriendo las jóvenes mulatas de cuerpos bien
proporcionados. Con el pasar del tiempo buscó mujeres cada vez más y más
jóvenes, las cuales eran suministradas por personas que buscaban favores. Llegó
a nombrar a un funcionario en Palacio para organizar fiestas con esos
objetivos. Cuando las mujeres no estaban dispuestas a «colaborar», Trujillo
presionaba a la familia para salirse con la suya.
El martes
30 de mayo de 1961, a las 9:45 de la noche, en el kilómetro 9 de la carretera
de Santo Domingo a San Cristóbal, el auto en el que viajaba Trujillo fue
ametrallado en una emboscada urdida por Modesto Díaz, Salvador Estrella
Sadhalá, Antonio de la Maza, Amado García Guerrero, Manuel «Tunti» Cáceres
Michel, Juan Tomás Díaz, Roberto Pastoriza, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert
Barrera, Pedro Livio Cedeño y Huáscar Tejeda. El vehículo recibió más de 60
impactos de bala de diversos calibres, de los cuales siete impactaron el cuerpo
del dictador causándole la muerte. Su chófer, Zacarías de la Cruz, recibió
varios impactos, pero no perdió la vida, aunque fue dado por muerto por los
ajusticiadores.
Las armas
proporcionadas por la CIA habían sido ocultadas por el estadounidense Simón Thomas
Stocker «Wimpy», como también se le conocía, propietario del único supermercado
del país y residente en la República desde 1942, fue contactado por la CIA bajo
el nombre en clave de «Héctor». Stocker rehusó la remuneración de la CIA por
sus esfuerzos, aduciendo su convicción moral. Las armas fueron ocultadas por
más de dos meses, a riesgo personal y de su familia, dentro de un armario
pequeño en su estudio, en su residencia privada, hoy ya demolida y que estuvo
ubicada en un solar en el lado sur de la avenida Independencia, próximo a la
avenida Máximo Gómez.
Algunos
afirmaron que dichas armas nunca llegaron a las manos de los organizadores del
ajusticiamiento, debido a la supuesta falta de una autorización explícita de la
CIA para su entrega. Esta opinión fue contradicha por testimonios de viva voz,
comunicados por Stocker a familiares y personas de confianza, afirmando que las
armas fueron entregadas por él a un dominicano, después de haberlas ocultado en
su propiedad, según su relato. No obstante, esa versión fue negada por el único
sobreviviente del ajusticiamiento, el general Imbert Barrera.
Algunos
analistas mencionan que el interés de Estados Unidos en acabar con Trujillo se
debió a que la represión de su gobierno podría desembocar en una revolución
filocomunista en República Dominicana, similar a la Revolución cubana, que fue
una consecuencia del rechazo del pueblo cubano al dictador Fulgencio Batista.
La familia
de Trujillo trató de huir con el cuerpo del dictador en su yate «Angelita»,
pero no fue posible. Su funeral, realizado el 2 de junio del mismo año, fue el
de todo un estadista y una larga procesión lo acompañó desde el Palacio
Nacional hasta la localidad de San Cristóbal, donde fue enterrado. Miles de
personas de todos los estratos sociales desfilaron ante el féretro con los
restos de Trujillo. El entonces presidente Joaquín Balaguer dio el discurso
laudatorio, diciendo, entre otras cosas:
"El
momento es pues propicio para que juremos sobre estas reliquias amadas que
defenderemos su memoria y que seremos fieles a sus consignas manteniendo la
unidad. Querido jefe, hasta luego. Tus hijos espirituales, veteranos de las
campañas que libraste durante más de 30 años, miraremos hacia tu sepulcro como
un símbolo enhiesto y no omitiremos medios para impedir que se extinga la llama
que tú encendiste en los altares de la República y en el alma de todos los
dominicanos."
Después de
esto, ante la presión popular, la familia Trujillo salió del país y Ramfis
Trujillo tuvo que sacar el cuerpo de su padre. Trujillo fue enterrado en París,
en el Cementerio del Père-Lachaise, a petición de sus familiares.
En 2009 se
generó una controversia en la República Dominicana. En ocasión del 48º
aniversario de su muerte, se planteó el traslado de los restos de Trujillo a la
República Dominicana, para ser enterrados junto a los héroes nacionales. Esta
idea generó un fuerte rechazo popular.
Actualmente
los restos de Trujillo se encuentran en un cementerio de la pequeña comunidad
de El Pardo, a 25 minutos de Madrid en España, cementerio muy por debajo de las
características de los demás cementerios madrileños, en una tumba que
probablemente no se asemeja en nada a aquella mandada construir por el dictador
en la década de 1950 en su natal San Cristóbal.
Bibliografía
* Cassá,
Roberto (septiembre de 2001). «Algunos componentes del legado de Trujillo».
Iberoamericana (Iberoamericana Editorial Vervuert) (3): 113–127.
*
Diederich, Bernard (1990). «Trujillo, la muerte del Dictador». Fundación
Cultural Dominicana (3ra edición) (Santo Domingo). p. 258. ISBN 0-316-18440-3.
* Poppino,
Rollie E. (1968). «Trujillo: The Life and Times of a Caribbean Dictator. by
Robert D. Crassweller; Overtaken by Events: The Dominican Crisis from the Fall
of Trujillo to the Civil War. by John Bartlow Martin». En The Academy of
Political Science. Political Science Quarterly (en inglés) 83 (1): 149–151.
* Sánchez
Barría, Felipe (2012). «Reseña de La seducción del dictador: Política e
imaginación popular en la era de Trujillo». Revista de Historia Iberoamericana
5: 131–132. ISSN 1989-2616.
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